
Un cuento kabalístico:
“En algún lugar del mundo se narraba esta historia cual moraleja nos da una enseñanza para la vida.
Se trata de Zambra, un místico que recorría los templos llevando su música.
Se decía que cuando vibraba su arpa y al escuchar su voz uno se sentía transportado hacia una gran dulzura y bienestar.
Pero Zambra tenía una costumbre, antes de ejecutar su arte tomaba un buen vino y comía deliciosos manjares.
Cierto día llegó hasta un templo y los sacerdotes que allí vivían lo invitaron a pasar pidiéndole que entonara esas embriagadoras melodías como él lo sabía hacer. Zambra aceptó de buen grado, pero, como era de esperar, les pidió a los sacerdotes un buen vino y manjares antes de cantar.
Los sacerdotes acongojados le explicaron que allí no había casi nada para comer y que ellos se alimentaban de raíces y agua.
Zambra quedó pensativo y luego de unos instantes les dijo, cantaré igual.
Y así el aire se inundó de sus mágicas canciones, todos los que escuchaban sentían vibrar sus almas al compás de la música.
Se dice que el viento llevó esa melodía desde el interior del templo hasta las afueras del desierto y una caravana de beduinos comenzó a escucharla y se dispuso a acercarse hacia ese recinto sagrado.
En pocas horas eran innumerables las personas que se encontraban alrededor de Zambra escuchándolo.
Al concluir sus canciones todos los presentes sentían haber pasado un momento inolvidable y en especial los beduinos que conformaban la caravana. Tal es así que en agradecimiento dejaron en el templo comida y bebida en cantidad, hasta se dijo que este templo comió y bebió a lo largo de un año.
Al observar Zambra la abundancia de alimentos que había, exclamó a los sacerdotes:
“Si la comida no llama a la mística, la mística llamará a la comida…””
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Tags: meditación, reflexión, relajación
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